Cada vez que se está por estrenar una película argentina de dibujos animados me lleno de ilusión porque la industria se está moviendo. Hacía mucho tiempo que se hablaba de la producción del largometraje de Isidoro, el famoso personaje argentino de historietas creado por Dante Quinterno. Incluso en los años 70 existió un proyecto en el que el actor Santiago Bal personificaría a Isidoro. Finalmente el play boy mayor de Buenos Aires, un fiel representante del típico chanta porteño, se preestrenará en Córdoba el 29 de junio en los Cines Gran Rex. Es la tercera película de animación de la compañía Indiecito Estudios (los creadores de Patoruzito), dirigida por José Luis Massa.

Sin embargo, la ilusión se me cayó otra vez al suelo cuando supe que por una decisión empresarial a la película se le cambiaron las voces del reparto profesional original. El guión de audio del filme se había grabado e interpretado estupendamente por impecables profesionales del doblaje. Pero cuando ya estaba todo hecho, a algún cráneo del neo marketing, se le ocurrió que la película se promocionaría mejor si se utilizaban voces de famosos.
Muchas de las excelentes voces del doblaje en Argentina ya están acostumbrándose a que aquí también se les haga a un lado por imposición de la nefasta moda global de poner famosos a doblar dibujos animados. Desde que a la compañía Disney se le ocurrió probar con esa treta publicitaria, las demás productoras de dibujos deben haber pensado que si lo hacen en Disney por qué no ellos también.
No es que me parezca mal que estas celebrities, como algunos les llaman ahora, hagan doblaje. Lo que realmente me molesta, es que lo hacen muy mal.
El doblaje es una actividad que no se puede hacer como de pronto. Es una técnica que hay que aprender a controlar y se requiere de algo más que una bonita voz. Aspectos como la sincronización, la dicción y la interpretación, no son cualidades profesionales que pueden adquirirse por ósmosis o en un tris-tras. Los que se dedican profesionalmente al doblaje son muy pocos porque hacerlo bien es muy difícil. No se trata únicamente de que el texto encaje exactamente en la boca del dibujo ya que a eso, de última, con la tecnología de hoy lo resuelve el técnico de sonido.
Desde el nefasto resultado de Los Increíbles, con doblaje dirigido y aprobado por el prestigioso director mexicano de Disney, Raúl Aldana, y protagonizado por argentinos no doblajistas con un forzado acento porteño, la compañía ha seguido insistiendo con la moda de las voces de celebrities. Lo mismo viene sucediendo en otros lugares como México, España y también en países donde se hablan otros idiomas. Es una moda, pero le está haciendo bastante daño a la calidad del doblaje de dibujos.
Es un error pensar que porque las voces originales en inglés de los dibujos animados están interpretadas por actores famosos, aquí se puede hacer lo mismo. Sencillamente porque los actores de otros países saben doblar y doblarse, cosa que hacen de manera recurrente en todas sus películas. En cambio aquí, casi ningún actor sabe doblarse ni a sí mismo.
Un personaje tan conocido en Argentina como Isidoro, además del éxito que acompañó a su predecesora Patoruzito, sería suficiente para garantizar otra vez los favores del público en las salas. Sin embargo, alguien ha tenido la desafortunada idea de copiar lo peor de Disney. Así terminaron reemplazando el magnífico trabajo de grandes actores de doblaje que le habían dado vida a los personajes, por voces de famosillos. Sólo se salvó el actor Gustavo Bonfigli, un doblajista de mucha experiencia, porque ya le prestaba su voz al Coronel Cañones en Patoruzito.
Me hace gracia que tilden de federal a un proyecto como el de Isidoro sólo porque Mario Pereyra, el conductor de un popular programa de radio de Córdoba, le encaja su cascada voz al personaje del capitán Metralla.
Pero más gracia me causa aún que Mario Pereyra, activo y confeso detractor del doblaje, ahora se suba sin reparos ni vergüenza a ver qué le sale en esta actividad de la que sólo habla pestes. Al final, más allá de las críticas que pudiera recibir, supongo que terminará descubriendo que el doblaje es una tarea que exige mucho más que sincronía con los labios de un muñeco. Aunque a eso no creo que lo reconozca jamás.

Si sigues leyendo te cuento cuál era el cast de voces originales de Isidoro y algo más.
Continuar leyendo »